miércoles, 23 de febrero de 2011

DIA 4

DIARIO DE A BORDO:
HOJA DE RUTA
6 DE JULIO DEL 2010: CHENONCEAU (al parecer se escribe así)  - MONT SANT MICHELLE
RESUMEN DE JORNADA:
COMANDANTE: ROMAN GARCIA
SEGUNDO DE A BORDO: FERNANDO ABELLA
TRIPULACION: DIANA RIPOLL, ELSA GARCIA, MARTA GARCIA E IVAN SOBRINO

Castillo de Chambord
Tras un frio despertar, y dormir tranquilos con la caravana al raso en un camping donde estábamos prácticamente solos, pegados a unas vías del tren, que no hemos oído, salimos del camping tras una nueva ducha y un nuevo desayuno de campeones, dándonos cuenta de que tenemos que hacer un urgente avituallamiento, confiados en tardar cuanto menos posible en llegar al castillo de Chambord, pero no tardamos en descubrir que la capacidad de orientación fuera de nuestro territorio de la que hacemos gala el comandante y el segundo de abordo no es tan buena como debiera, volviendo a ir en dirección contraria, (oeste en vez de este) y perdiendo de nuevo media hora, que será una hora cercana al no poder encontrar una gasolinera donde repostar y no poder salir, una vez encontrada, del polígono industrial donde se hallaba, para poner rumbo a Chambord, donde a las puertas del pueblo encontramos una hermosa gasolinera ya innecesaria, que nos hizo llorar de pena y maldecir.

Visitamos el idílico castillo, el más bonito de los tres en cuanto a construcción, con el miedo de que una nueva pareja de españoles (esta vez matrimonio de jubilados) se nos acople, volviendo a demostrarnos la capacidad para poder hacernos fotos sin descanso en todas formas y posiciones y sin llegar a ser repetitivos o aburridos, ni siquiera con las muchísimas instantáneas tomas en escalera de las amantes del duque que Da Vinci diseñó para él con el buen gusto de que no se pudieran cruzar al subirlas o bajarlas pero si verlas para apreciar la belleza de la otra y morirse de envidia.

Tras terminar la visita al último castillo de los que teníamos previsto, descubrimos que nuestra capacidad de orientación parece haber mejorado, aunque no las tenemos de todas formas todas con nosotros.
Saint Malo
 Hacemos finalmente una parada para comer tras haberme cambiado la posición de copiloto con la tripulante Elsa García, momento que aprovecho para poner en orden el diario de a bordo, pues debido al agotamiento sufrido durante cada jornada, la capacidad de escritura merma tanto como la de atención, aprovechando el momento de forma fructífera.
 Comemos unos bocadillos como estos días, parados en la estación especial de Carrefour, donde compramos avituallamiento para poder saciar nuestras ansias momentáneas y rápidas mientras seguimos en ruta, finalmente, tras un sucedáneo de café de máquina, dirección Saint Maló -- lugar donde debíamos dormir en un principio, pero que finalmente será de paso, tras reunión bidireccional entre comandante y un servidor, para dormir en Saint Michelle -- donde conseguimos encontrar un parking para dejar la caravana mientras vemos parte del pueblo, su puerto y su playa aprovechando su marea baja.
 Finalmente antes de irnos, aprovechando el paso por un chiringuito que recordaba en tamaño al Kiosko de Julián, de Barrio Sésamo, el comandante y yo mismo decidimos comernos un perrito caliente, esta vez, sabiamente, pidiendo al encargado de ponérnoslos que por favor, de mostaza, ni la muestra, descubriendo un nuevo mundo de sabores gracias a la ausencia de la misma.
El Mont Sant Michelle con su abadia

Decididos a seguir la ruta, ponemos rumbo a Saint Michelle, con una breve confusión al principio, pero rápidamente corregida, llegando a buena hora al lugar fijado como punto final de la jornada, dándonos cuenta que nos manejamos casi mejor sin mapas ni indicaciones sacados previamente que con ellos.

Al llegar finalmente a Saint Michelle, anocheciendo, descubrimos la inmensa abadía en lo alto del monte, dejándonos a todos impresionados no solo su tamaño, sino también de su gran belleza (momento cursi) poniéndonos rumbo a su interior para apreciarlo  de noche, decidiendo sin remedio que mañana, sin ningún lugar a dudas, volveremos a entrar a verla.
El Mont Sant Michelle con su abadia
Volvemos a la caravana con noche cerrada, pensando en la cena, unos raviolis que compramos en el Carrefour y que calentaríamos en el fogón de la caravana, no sin que antes de llegar, descubriéramos una nueva capacidad en el grumete Iván, la de perseguir sombras chinescas, las suyas propias, provocadas por su propia linterna, hasta el momento de casi besarlas en el suelo. Osea, que se esmorró de lleno y pleno contra el suelo frances, produciendo a continuación la consabida carcajada del personal, incluso la suya propia, lo que nos hizo saber que tan mal no había ido la cosa y que no había que salir haciendo rueda para buscar un médico.
Terminamos la jornada con la tranquila cena de los raviolis calientes, pensando en la visita mañana a la Abadía de Sant Michelle, la posterior visita a un Carrefour más grande para un mayor avituallamiento, y la marcha hacia el nuevo destino final, Paris, no sin antes dar un último vistazo a la Abadía, a su imponente aspecto, y todo ello tras pensar, el comandante Román y yo, que la decisión de hacer noche allí, había sido una gran decisión, y había sido cosa nuestra... ¡¡¡ HEMOS ACERTADO !!!

FIN DE ENTRADA.
FDO. : FERNANDO ABELLA – SEGUNDO DE A BORDO

No hay comentarios:

Publicar un comentario