DIARIO DE A BORDO:
HOJA DE RUTA
5 DE JULIO DEL 2010: LA ROCHELLE - CHEANDAXEU
RESUMEN DE JORNADA:
COMANDANTE: ROMAN GARCIA
SEGUNDO DE A BORDO: FERNANDO ABELLA
TRIPULACION: DIANA RIPOLL, ELSA GARCIA, MARTA GARCIA E IVAN SOBRINO
Amanecemos (yo lo hago entero al haber podido cambiar mi cama y haber dormido en una de las literas) el día y podemos comprobar que ducharse en el cubículo de la caravana no resulta tan terriblemente dañino y espeluznante como podíamos llegar a pensar en un primer instante. No así el intento de secarse y cambiarse entero sin correr riesgo alguno de perder el equilibrio y acabar dándose un culazo en el lugar, aunque por suerte, todos pudimos hacerlo sin peligro ni perjuicio alguno hacia nuestra persona.
Tras cargar fuerzas con el desayuno de los campeones, osea, Cola-Cao, ponemos rumbo raudos y veloces con la confianza que nos da el saber que hemos llegado hasta aquí, hacia los castillos del Loira, donde haremos la primera parada en el castillo de Villendry, para después ir a Cheananxeu. Tenemos tiempo de sobra para ver los dos y ver mañana tranquilamente el de Chambord.
Tras una primera hora de viaje inútil e infructuosa, porque en vez de ir a los castillos del Loira (Norte) estábamos marchando en dirección contraria (Sur, pero sur sur que casi olía a Cádiz) tras un error al incorporarnos en la carretera principal, decidimos hacer un alto para aclarar nuestras ideas y los desagües de la caravana, sin tener claro cual estaba más turbio de los dos a estas horas de la película.Quedando claro que no teníamos nada claras nuestras ideas, preguntamos en el área de servicio como podríamos hacer para dar media vuelta y volver por el camino correcto para ir a la próxima parada, siendo una vez más de inestimable ayuda el francés que a dios gracias maneja el grumete Iván con la soltura suficiente para que el viaje sea lo suficientemente ágil para todos sin tener que llegar a las manos (señas, por dios, no nos tomen por animales) con los franceses. Una vez puestos en ruta, de nuevo, descubrimos que también es asombrosa la capacidad para coger el sueño rápidamente de la mayoría de la tripulación, a excepción de la tripulante Elsa García que aguanta como un jabato kilómetros y kilómetros, sobre todo gracias a la ayuda de la fortuna, perdón, del Fortuna.
| Vista del castillo de Villandry |
Paseamos por los jardines de Villandry, descubriendo la asombrosa facilidad espiritual para encontrar a dios de los franceses, pues solo tenían que llegar al centro de un laberinto con puertas en sus paredes, de no más de metro veinte de alto cada una, eso sí, y descubriendo que a ninguno nos emociona la idea de dedicarnos a ser jardinero de semejante lugar, tan extenso como bonito.
Comemos sentados tras comprobar la capacidad para escalar por el bosque de Iván, dándonos cuenta en ese momento del fallo de los bocadillos de Román, disfrutando, eso sí, de una vista singular de los jardines del Castillo.
Salimos hacia Cheananxeu, sin saber pronunciarlo ni escribirlo ninguno, donde aparcamos en un parking reservado a caravanas donde no se puede hacer noche, pero teniendo echado el ojo a un camping cercano donde acercarnos tras visitar el castillo para preguntar si en este si disponemos de sitio.
Apreciando la gran belleza del emplazamiento del castillo, decidimos que aunque este rodeado de agua y puedas verlo desde el centro del rio montado en barca, ninguno tenemos ganas ni fuerzas para remar, optando por la firme y gran decisión de verlo andando realizando la correspondiente sesión fotográfica desde cada rincón del lugar.
| Castillo de ¿Cheananxeau? Más o menos |
Un nuevo incidente nos sorprende al acabarse la batería de la cámara de fotos de la tripulante Diana Ripoll, dejando constancia de que aunque tenía una de reserva no la tenía allí, si o en la caravana, y proponiendo ir a por ella en una carrera si es que la dejaban salir y volver a entrar sin necesidad de volver a tener que pagar. Así, mientras el resto esperábamos, el comandante Román Martínez acompañó a al tripulante Diana Ripoll a la caravana a por la batería de reserva, volviendo al poco rato con síntomas de asfixia por haberse pegado un curiosa carrera hasta la caravana, pudiendo así terminar de hacer las fotos del castillo sin dejarnos rincón sin fotografiar con esa o la otra cámara de la que disponíamos, realizando unas típicas fotos graciosas con el chorro de una fuente de fondo…. Pero no sean mal pensados.
| Esto eran precios económicos |
económicos
Tras salir del castillo caminamos hasta el camping para preguntar si es posible pasar la noche allí con la caravana y así enchufarla a la corriente para cargar baterías y poder pegarnos una ducha en un sitio más ancho al de esta mañana, o por lo menos ducharnos solo, durmiendo en un parking exterior, por un precio económico, sorprendidos que el precio por pasar la noche con la caravana, derecho a luz, agua, ducha y demás era mucho menos de lo esperado, llegando casi a besar al dueño, que parecia mirarnos como si fuéramos gilipollas tras preguntarle varias veces si en el precio estaba incluida la ducha y la luz o solo la noche.
Al ir a por la caravana y dejar al resto de la tripulación pagando, el comandante Román y un servidor coincidimos en un parking de caravanas con un gaditano que viajaba en la autocaravana junto a su madre, y que amablemente decidió entablar conversación con nosotros, descubriendo ambos los peligros de pararse a hablar con un andaluz que viaja solo en autocaravana junto a su madre.
Tras aparcar la autocaravana en el parking y pasear por el pueblo, descubriendo sus hermosas y cuidadas casas, así como sus reducidas dimensiones, volvemos al camping parando todos junto a la caravana del gaditano entreteniéndonos de nuevo en el lugar el tiempo suficiente como para echar raíces, todo para pedirles un cepillo para poder barrer la caravana, que amablemente nos prestaron, decidiendo al volver a la caravana que el que volviera a devolvérselo fuera el grumete Iván, que para algo es el grumete, teniendo un servidor que ir en su busca tras salir de la ducha y haber pasado diez minutos sin volver, encontrándomelo corriendo a mitad de camino, ya de vuelta, pidiendo socorro, y deseando no oír a ningún otro español en todo el viaje que no fueran sus compañeros de viaje.
Mientras el comandante Román y un servidor preparaban la cena, unos sándwiches mixtos tostados dándoles la vuelta con los deditos, pues habíamos venido sin espátula ni pinzas con que darles la vuelta, tras descubrir que los cubiertos de plástico en contacto con la sartén se funden, el resto de la tripulación se duchaba, salvo el grumete Iván, que habiendo descubierto el bocadillo sobrante de la mañana, triste y solo sobre la mesa, decidió comérselo sin pensárselo dos veces antes de su sándwich correspondiente.
Tras unas latitas de conservas ricas en hierro, decidimos que es hora de ir descargando fotos y dormirnos, pudiendo por fin descansar las piernas tras el día de pateo por los castillos, y pensando que mañana, si todo nos iba bien, veríamos el tercer y último castillo de la ruta prevista, y sabiendo, felizmente, que teníamos el lujo de poder ducharnos de nuevo a la mañana siguiente.
FIN DE ENTRADA.
FDO. : FERNANDO ABELLA – SEGUNDO DE A BORDO
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