miércoles, 23 de febrero de 2011

INTRODUCCION

A MODO DE ....

Este es, por fin, el resumen del viaje de diez días que nos llevo por parte de Francia.
Este diario fue llevado al día durante viaje, los  primeros días con el ordenador, y después, a mano en hojas sueltas tales como la parte de atrás de los mapas que llevábamos impresos de Madrid sacados por Googlemaps, partes de atrás de publicidad, y cualquier hoja blanca, por un lado al menos, que cayera en mis manos.
Organizar todos esos datos, ponerlos en orden, hacer una idea clara, pues en muchas ocasiones, solo escribía palabras sueltas para acordarme de algo, llevó tiempo, pero no estos siete meses, eso ha sido más bien falta de ganas en muchas ocasiones, pero finalmente, ya está acabado.
He realizado antes un borrador de todas las entradas para subirlas de forma que se puedan leer en el orden correcto, día a día sin tener que saltar por el blog.
En las fotos que ilustran el blog, no verán ninguna en la que salga nadie salvo yo. No he querido que el resto de tripulantes salgan sin que me den su consentimiento, de momento nadie me ha dicho ni que si ni que no, así que opto por la negativa, que para cambiar las fotos, siempre habrá tiempo. De todas formas, quienes quieran ver fotos del viaje, aquellos que me tengan agregado en Facebook la podrán ver, y muchos ya tendréis un enlace a las fotos para verlas en Picassa.
Espero que les guste, y cuando la experiencia sea repetida, por otros lares, habrá una nueva edición de este blog, con un nuevo destino.


DIA 1

DIARIO DE A BORDO:
HOJA DE RUTA
3 DE JULIO DEL 2010: MADRID - ARCACHON
RESUMEN DE JORNADA:
COMANDANTE: ROMAN GARCIA
SEGUNDO DE A BORDO: FERNANDO ABELLA
TRIPULACION: DIANA RIPOLL, ELSA GARCIA, MARTA GARCIA E IVAN SOBRINO

La jornada amaneció ya dura y con nubes de tormenta a las siete de la mañana en el campo base, donde la expedición estaba acampada, dispuesta a salir a la llegada del grumete Iván Sobrino.
En el inicio ya empezaron las complicaciones, al olvidarnos el avituallamiento en el campo base, teniendo que volver a por él bajo el aguacero que ya empezaba a caer sobre la ciudad ( y el país ). Finalmente, conseguimos regresar al campo base, tras una ruta turística por habernos equivocado de salida en el regreso desde la gloriosa M-30. ¡¡¡VIVA GALLARDON!!!

Cuando finalmente llegamos al lugar de recogida de la nave interestelar, perdón, de la autocaravana, la lluvia, el aguacero, ya era inevitable, y no se hizo de rogar, todo lo contrario que la autocaravana y el inicio del viaje, debido a en primer lugar la poca capacidad y agilidad para atender de uno de los encargados de la reserva de la autocaravana, y en segundo lugar,  debido a la gotera que tenia la caravana en la ventana del techo de la misma, lo que nos retraso, en total, unas dos horas, o tres, mientras la lluvia seguía arreciando, dura y persistentemente. La cosa no empezaba bien.

Finalmente, con el corazón en un puño y el alma en vilo conseguimos salir y ponernos en ruta a las doce de la mañana, bajo una fina lluvia, que se volvió intensa al poco, poniendo rumbo a nuestro destino final, teniendo en menta la realización de dos paradas previas.
Al salir, el cuentakilómetros marca 101.888.

La experiencia, el viaje, resultó gratificante en todo momento desde su inicio, quedándose rápidamente dormidos tres de los cuatro tripulantes, siendo Elsa García la única capaz de pode seguir dando conversación a los dos comandantes de a bordo, que seguían a lo suyo, con la música correspondiente de fondo.
La primera parada, realizada aproximadamente a las dos, tres horas de viaje, se realizó junto a Burgos, donde rellenamos de combustible la nave, y el cuerpo, comiendo los primeros bocadillos de embutido, saboreándolos tranquilamente.
Tras la primera parada, continuamos, sin previsión de realizar una nueva detención, rumbo a nuestro destino, con previsión de hacer solo una única parada antes, una vez pasada ya la frontera gala, en Biarritz.
Playa de Biarritz

Llegamos a Biarritz tras atravesar el País Vasco, donde gracias al fino y típico chirimiri pudimos comprobar que la eficiente reparación de la gotera, la cual consistió en desmontar entera la ventana y montarla, de ahí haber tardado dos horas en salir por encima de lo previsto, realizada por el eficiente técnico de la empresa de alquiler, había resultado eficaz, pues por no pasar casi no pasaba ni luz, aunque esto quizás era debido a que estaba nublado.
Como decía, llegamos a Biarritz sobre las seis de la tarde, consiguiendo aparcar en un parking para autocaravanas, que era lo que llevábamos, por si no ha quedado claro, y poniéndonos en ruta, a pie, a reconocer el lugar, comenzando a hacerlo, con cierta morriña, por la Rue du Madrid, y pasando por el Hotel Marbella, llegando a preguntarnos, si estábamos en Biarritz o en Benidorm, parando antes para ver su impresionante playa de olas generosas para los surfistas del lugar.
Llegamos finalmente al pueblo, tras una larga caminata por la Rue de Madrid, todo cuesta arriba, realizando el siguiente tramo por el paseo marítimo, donde acabamos sentándonos en una terraza en una plaza, a tomar unas coca-colas francesas y una cerveza alemana. Cosas de la vida.
Tras la parada en la terraza, el hambre comenzó a arreciar, y como no era menos tuvimos que comprar algo para saciarla, así que ya que estábamos en Francia, entramos en una pastelería a por unos croissant, que estaban tan deliciosos como escasos, ya que a continuación, el comandante y el que suscribe, tuvimos que comprarnos unas especie de mini pizzas, a la par que el grumete Iván sació su hambre con una especie de merengue que no hizo otra cosa sino subirle los niveles de azúcar a cotas inesperadas, y comprando además unas barras de pan, no quedando claro por parte de la navegante Marta García si eran con sal, comsé, comsí o comsá. Finalmente, gracias al dominio del idioma local que demuestra el grumete Iván, queda claro que no eran con sal.
Biarritz
Partimos de Biarritz sobre las ocho y media, tras habernos perdido y dado un rodeo muy agradable, gracias al cual pudimos agradecer las pizzas y los croissant, porque de no haber sido así, seguramente, hubiéramos fallecido en el intento, por el paseo de vuelta al parking. Una vez en la caravana, nos desesperamos tratando de encontrar algún rastro de emisora en castellano donde retransmitieran el partido de España, encontrando, en principio, solo radio vasca, hablando íntegramente en castellano, demostrando el buen trabajo del gobierno de Patxi López, y finalmente dando con radio Marca, cambiando en breves momentos de señal nula a oírlo en francés, terminando por quitarlo al no poder comprender ni los nombres, ya que en España jugaba una tal "Casilas" y un tal "Vila". Esta claro que estos franceses lo de la ll no lo levan, digo llevan.
Conseguimos finalmente encontrar radio Marca para maldecir nuestra suerte, pues fue justo en el penalti pitado a favor de Paraguay, dejando claro en comandante y yo, que salvo milagro, de nuevo, en cuartos, nos iríamos a casa, algo que ya había hecho la Argentina de Maradona. Por cierto Maradona, ahora a mam**la.

La narración del lanzamiento un penalti por la radio pone a cualquiera de los nervios, y si encima resulta que al final se obra el milagro y nuestro genial portero, joderos prensa deportiva ansiosa de su fracaso, obra el milagro y para el penalti, hace que el nerviosismo de paso a la histeria y eufori. Acto seguido, fue el penalti a favor de España, que nos llevó de la alegría al cabreo tras obligárselo a repetir y ser parado por portero paraguayo, momento en el que la transmisión se volvió a cortar, hasta que casi al final del partido, por esas cosas de la suerte, dimos, totalmente distorsionado, con la SER, poco antes de que un fácilmente reconocible e histérico Manolo Lama, (se siue echando de menos aun distorsionado a Paco González) narrase el quinto gol de Villa en el mundial. Misión cumplida, España, está entre los 4 mejores del mundo. Jamas pensé que viviría para ver esto, pero si, va a ser que sí. ¡¡¡HEMOS PASADO DE CUARTOS!!!

Finalmente, tras cuarenta kilómetros desesperantes, llegamos a nuestro destino, Arcachon, aparcando fuera de un camping, que ya está cerrado, y disponiéndonos a cenar, y descansar hasta mañana, teniendo la seguridad por parte de la gente del camping de que aun sin haber podido acceder a él, al día siguiente podremos ducharnos en el camping, previo pago de la generosa cantidad de 2 euros. Queremos saltar de alegría, pero estamos demasiado cansados para ello, así que cenamos y nos acostamos.

FIN DE ENTRADA.
FDO. : FERNANDO ABELLA – SEGUNDO DE A BORDO

DIA 2

DIARIO DE A BORDO:
HOJA DE RUTA
4 DE JULIO DEL 2010: ARCACHON – LA ROCHELLE
RESUMEN DE JORNADA: 
COMANDANTE: ROMAN GARCIA
SEGUNDO DE A BORDO: FERNANDO ABELLA
TRIPULACION: DIANA RIPOLL, ELSA GARCIA, MARTA GARCIA E IVAN SOBRINO

Tras el desesperado intento por mi parte de dormir en una cama en la que mis piernas, de gemelos para abajo no entraban, nos despertamos a las siete de la mañana, dispuestos a tomar la ducha mencionada en el final de la anterior entrada, descubriendo que donde habíamos aparcado era un pinar de enormes dimensiones.
Duna du Pyla
Tras ducharnos, descubriendo los beneficios de los campings bien organizados, ducha de agua caliente incluido, salimos del mismo hacia nuestro siguiente destino, conocido como Duna du pyla, una duna, según dicen, de dimensiones impresionantes, que por lo visto merece la pena explorar/subir.


Tras aparcar en la zona de la Duna du pyla, nos dirigimos a la playa realizando la ruta a través de la misma, descubriendo a la izquierda una cantidad insultante de chalets y/o propiedades de unas dimensiones también insultantes, con acceso directo todas ellas a la playa mediante una escaleritas inteligentemente ubicadas en los jardines de las mismas.
 Tras una hora de camino, comenzamos a ver más de cerca las extensiones de la duna, admirando las mismas, sin saber que realmente nos acercábamos a algo de unas dimensiones tan inimaginables como indeseables.
 Finalmente, tras una aventura mitad rafting mitad imitación de Cary Grant y Eva Marie Sant en la escena final de Con la muerte en los talones, conseguimos llegar a la falda de la duna, pensándonos dos veces su escalada, hasta que vimos al grumete Iván Sobrino ascender rápida y felizmente la duna, obligándonos al resto a seguirle, sin saber aun en donde demonios nos estábamos metiendo.

Vista desde lo alto de la Duna du Pyla
Pasados ya más de quince minutos  (de tiempo real, aunque mentalmente creíamos estar en un bucle sin fin de más de dos horas de duración) y sin llegar aun a saber exactamente en donde carajos estaba el final, realizamos una parada considerable tras ver a la tripulante Elsa García perder el equilibrio en tres ocasiones, viendo únicamente arena, arena y más arena en todas direcciones, empezando a rezar por un pronto final, que parecía no llegar nunca.
Finalmente, sin saber exactamente cuánto tiempo tardamos en llegar al final de la duna, conseguimos llegar los seis a la cima de la misma, pudiendo observar la recompensa que nos ofrecía aquella magnifica visión…. ¡¡¡UN CHIRINGUITO!!!

Llegamos al chiringuito tras bajar por unas escaleras, que a buen seguro algún promotor inmobiliario con mal corazón pero buen ojo y quizás gran intención, construyera en ese lado, sin caer que vendría mejor por el otro, donde entre granizados con sabor a colutorio dental, cervezas, y naranjas que no sabían ni siquiera a cítricos, descubrimos que la mostaza de Dijon, mejor ni probarla.
Cuando decidimos bajar la Duna du pila tras el descanso, descubrimos que todo irá sobre rodado, y efectivamente para el grumete Sobrino y la tripulante Elsa García, así fue, pues la bajaron rodando.
Dejamos atrás la Duna du Pila prometiendo no volver, al menos a subirla como la habíamos subido hoy, y así, poníamos rumbo a La Rochelle, como si fuéramos los mosqueteros protagonistas de la novela de Dumas.


Llegamos a La Rochelle y aparcamos en un parking específico de caravanas.
Tras el infructuoso intento de conseguir sitio en un camping donde poder aparcarla, hacer noche y tener un sitio donde ducharnos, (ni siquiera solo ducharnos como si nos habían dejado en esta mañana de este día de ruta) que no fuera la ducha propia de la caravana, llegamos al pueblo, donde apreciamos la cantidad de barcos de recreo que aparcan en su puerto, y donde damos un relajante, tranquilo y largo paseo mientras nos sacábamos de los  bolsillos la arena de la Duna du Pyla que aun teníamos dentro, y que no queríamos conservar de recuerdo, pues el dolor de gemelos, pies  y culo que tendríamos al día siguiente, a buen seguro, ya sería suficiente.
La Rochelle

Tras descubrir los encantos del sitio de La Rochelle, tomando un café tranquilamente en su puerto, sin vernos las caras ninguno al otro, non por estar enfadados si sopor curiosa y caprichosa disposición de las sillas en las mesas de la terraza, decidimos que la hora de cenar se acercaba, y dado que son famosos los mejillones del lugar, optamos por sentarnos en un restaurante a tomarnos una ración del plato en cuestión, no sin que antes las tripulantes femeninas de la tropa optaran por comprarse unas camisetas de manga larga para ponerse encima de la ropa y no morir de frio.
 Así pues, tras hacernos entender una vez más con el camarero del restaurante, de nuevo gracias a la inestimable ayuda del grumete Iván, cenamos una generosa ración de estupendos mejillones y una especie de mariscada, regado con un Burdeos blanco, que hizo la delicia de todos, menos del grumete Iván, que al no ser de su gusto las viandas que pedimos, se decidió por otros platos, entre los que se incluían mejillones, que no comió, saciando su hambre, por el momento, con el resto de la cena.

Una vez repuestas las fuerzas, decidimos que es hora de volver a la nave interestelar, perdón a casa, digo a la autocaravana, parando antes para pedir un crep con chocolate y unos gofres variados para el camino.
Llegamos finalmente a la autocaravana, donde apenas aguantamos unos segundos despiertos, tras un largo día que empezó subiendo una pila de duna.


FIN DE ENTRADA.
FDO. : FERNANDO ABELLA – SEGUNDO DE A BORDO

DIA 3

DIARIO DE A BORDO:
HOJA DE RUTA
5 DE JULIO DEL 2010: LA ROCHELLE - CHEANDAXEU 
RESUMEN DE JORNADA: 
COMANDANTE: ROMAN GARCIA
SEGUNDO DE A BORDO: FERNANDO ABELLA
TRIPULACION: DIANA RIPOLL, ELSA GARCIA, MARTA GARCIA E IVAN SOBRINO

Amanecemos (yo lo hago entero al haber podido cambiar mi cama y haber dormido en una de las literas) el día y podemos comprobar que ducharse en el cubículo de la caravana no resulta tan terriblemente dañino y espeluznante como podíamos llegar a pensar en un primer instante. No así el intento de secarse y cambiarse entero sin correr riesgo alguno de perder el equilibrio y acabar dándose un culazo en el lugar, aunque por suerte, todos pudimos hacerlo sin peligro ni perjuicio alguno hacia nuestra persona.
 Tras cargar fuerzas con el desayuno de los campeones, osea, Cola-Cao, ponemos rumbo raudos y veloces con la confianza que nos da el saber que hemos llegado hasta aquí, hacia  los castillos del Loira, donde haremos la primera parada en el castillo de Villendry, para después ir a Cheananxeu. Tenemos tiempo de sobra para ver los dos y ver mañana tranquilamente el de Chambord.

Tras una primera hora de viaje inútil e infructuosa, porque en vez de ir a los castillos del Loira (Norte) estábamos marchando en dirección contraria (Sur, pero sur sur que casi olía a Cádiz) tras un error al incorporarnos en la carretera principal, decidimos hacer un alto para aclarar nuestras ideas y los desagües de la caravana, sin tener claro cual estaba más turbio de los dos a estas horas de la película.Quedando claro que no teníamos nada claras nuestras ideas, preguntamos en el área de servicio como podríamos hacer para dar media vuelta y volver por el camino correcto para ir a la próxima parada, siendo una vez más de inestimable ayuda el francés que a dios gracias maneja el grumete Iván con la soltura suficiente para que el viaje sea lo suficientemente ágil para todos sin tener que llegar a las manos (señas, por dios, no nos tomen por animales) con los franceses. Una vez puestos en ruta, de nuevo, descubrimos que también es asombrosa la capacidad para coger el sueño rápidamente de la mayoría de la tripulación, a excepción de la tripulante Elsa García que aguanta como un jabato kilómetros y kilómetros, sobre todo gracias a la ayuda de la fortuna, perdón, del Fortuna.

Vista del castillo de Villandry
Definitivamente conseguimos llegar a Villandry tras tener que realizar el pago integro del peaje, ya que no cogimos ticket al tomar la dirección correcta tras aclarar la caravana y nuestras mentes (no mucho), siendo los último kilómetros el tiempo dedicado a la preparación  de la vianda que degustaríamos en los jardines del castillo, existiendo momentos de confusión iniciales al no saber cuántos se le habían preparado al comandante de la Expedición, siendo tres, en lugar de dos, algo de lo que más tarde nos daríamos cuenta, de la misma forma, que se dio cuenta de sus dos bocadillos de lomo-queso habían pasado a ser tres de lomo, y no por falta de queso.

Paseamos por los jardines de Villandry, descubriendo la asombrosa facilidad espiritual para encontrar a dios de los franceses, pues solo tenían que llegar al centro de un laberinto con puertas en sus paredes, de no más de metro veinte de alto cada una, eso sí, y descubriendo que a ninguno nos emociona la idea de dedicarnos a ser jardinero de semejante lugar, tan extenso como bonito.

Comemos sentados tras comprobar la capacidad para escalar por el bosque de Iván, dándonos cuenta en ese momento del fallo de los bocadillos de Román, disfrutando, eso sí, de una vista singular de los jardines del Castillo.
Salimos hacia Cheananxeu, sin saber pronunciarlo ni escribirlo ninguno, donde aparcamos en un parking reservado a caravanas donde no se puede hacer noche, pero teniendo echado el ojo a un camping cercano donde acercarnos tras visitar el castillo para preguntar si en este si disponemos de sitio.

Apreciando la gran belleza del emplazamiento del castillo, decidimos que aunque este rodeado de agua y puedas verlo desde el centro del rio montado en barca, ninguno tenemos ganas ni fuerzas para remar, optando por la firme y gran decisión de verlo andando realizando la correspondiente sesión fotográfica desde cada rincón del lugar.
Castillo de ¿Cheananxeau? Más o menos

Un nuevo incidente nos sorprende al acabarse la batería de la cámara de fotos de la tripulante Diana Ripoll, dejando constancia de que aunque tenía una de reserva no la tenía allí, si o en la caravana, y proponiendo ir a por ella en una carrera si es que la dejaban salir y volver a entrar sin necesidad de volver a tener que pagar. Así, mientras el resto esperábamos, el comandante Román Martínez acompañó a al tripulante Diana Ripoll a la caravana a por la batería de reserva, volviendo al poco rato con síntomas de asfixia por haberse pegado un curiosa carrera hasta la caravana, pudiendo así terminar de hacer las fotos del castillo sin dejarnos rincón sin fotografiar con esa o la otra cámara de la que disponíamos, realizando unas típicas fotos graciosas con el chorro de una fuente de fondo…. Pero no sean mal pensados.

Esto eran precios económicos
económicos
Tras salir del castillo caminamos hasta el camping para preguntar si es posible pasar la noche allí con la caravana y así enchufarla a la corriente para cargar baterías y poder pegarnos una ducha en un sitio más ancho al de esta mañana, o por lo menos ducharnos solo, durmiendo en un parking exterior, por un precio económico, sorprendidos que el precio por pasar la noche con la caravana, derecho a luz, agua, ducha y demás era mucho menos de lo esperado, llegando casi a besar al dueño, que parecia mirarnos como si fuéramos gilipollas tras preguntarle varias veces si en el precio estaba incluida la ducha y la luz o solo la noche.
Al ir a por la caravana y dejar al resto de la tripulación pagando, el comandante Román y un servidor coincidimos en un parking de caravanas con un gaditano que viajaba en la autocaravana junto a su madre, y que amablemente decidió entablar conversación con nosotros, descubriendo ambos los peligros de pararse a hablar con un andaluz que viaja solo en autocaravana junto a su madre.

Tras aparcar la autocaravana en el parking y pasear por el pueblo, descubriendo sus hermosas y cuidadas casas, así como sus reducidas dimensiones, volvemos al camping parando todos junto a la caravana del gaditano entreteniéndonos de nuevo en el lugar el tiempo suficiente como para echar raíces, todo para pedirles un cepillo para poder barrer la caravana, que amablemente nos prestaron, decidiendo al volver a la caravana que el que volviera a devolvérselo fuera el grumete Iván, que para algo es el grumete, teniendo un servidor que ir en su busca tras salir de la ducha y haber pasado diez minutos sin volver, encontrándomelo corriendo a mitad de camino, ya de vuelta, pidiendo socorro, y deseando no oír a ningún otro español en todo el viaje que no fueran sus compañeros de viaje.
Una calle del pueblo

Mientras el comandante Román y un servidor preparaban la cena, unos sándwiches mixtos tostados dándoles la vuelta con los deditos, pues habíamos venido sin espátula ni pinzas con que darles la vuelta, tras descubrir que los cubiertos de plástico en contacto con la sartén se funden, el resto de la tripulación se duchaba, salvo el grumete Iván, que habiendo descubierto el bocadillo sobrante de la mañana, triste y solo sobre la mesa, decidió comérselo sin pensárselo dos veces antes de su sándwich correspondiente.
Tras unas latitas de conservas ricas en hierro, decidimos que es hora de ir descargando fotos y dormirnos, pudiendo por fin descansar las piernas tras el día de pateo por los castillos, y pensando que mañana, si todo nos iba bien, veríamos el tercer y último castillo de la ruta prevista, y sabiendo, felizmente, que teníamos el lujo de poder ducharnos de nuevo a la mañana siguiente.


FIN DE ENTRADA.
FDO. : FERNANDO ABELLA – SEGUNDO DE A BORDO

DIA 4

DIARIO DE A BORDO:
HOJA DE RUTA
6 DE JULIO DEL 2010: CHENONCEAU (al parecer se escribe así)  - MONT SANT MICHELLE
RESUMEN DE JORNADA:
COMANDANTE: ROMAN GARCIA
SEGUNDO DE A BORDO: FERNANDO ABELLA
TRIPULACION: DIANA RIPOLL, ELSA GARCIA, MARTA GARCIA E IVAN SOBRINO

Castillo de Chambord
Tras un frio despertar, y dormir tranquilos con la caravana al raso en un camping donde estábamos prácticamente solos, pegados a unas vías del tren, que no hemos oído, salimos del camping tras una nueva ducha y un nuevo desayuno de campeones, dándonos cuenta de que tenemos que hacer un urgente avituallamiento, confiados en tardar cuanto menos posible en llegar al castillo de Chambord, pero no tardamos en descubrir que la capacidad de orientación fuera de nuestro territorio de la que hacemos gala el comandante y el segundo de abordo no es tan buena como debiera, volviendo a ir en dirección contraria, (oeste en vez de este) y perdiendo de nuevo media hora, que será una hora cercana al no poder encontrar una gasolinera donde repostar y no poder salir, una vez encontrada, del polígono industrial donde se hallaba, para poner rumbo a Chambord, donde a las puertas del pueblo encontramos una hermosa gasolinera ya innecesaria, que nos hizo llorar de pena y maldecir.

Visitamos el idílico castillo, el más bonito de los tres en cuanto a construcción, con el miedo de que una nueva pareja de españoles (esta vez matrimonio de jubilados) se nos acople, volviendo a demostrarnos la capacidad para poder hacernos fotos sin descanso en todas formas y posiciones y sin llegar a ser repetitivos o aburridos, ni siquiera con las muchísimas instantáneas tomas en escalera de las amantes del duque que Da Vinci diseñó para él con el buen gusto de que no se pudieran cruzar al subirlas o bajarlas pero si verlas para apreciar la belleza de la otra y morirse de envidia.

Tras terminar la visita al último castillo de los que teníamos previsto, descubrimos que nuestra capacidad de orientación parece haber mejorado, aunque no las tenemos de todas formas todas con nosotros.
Saint Malo
 Hacemos finalmente una parada para comer tras haberme cambiado la posición de copiloto con la tripulante Elsa García, momento que aprovecho para poner en orden el diario de a bordo, pues debido al agotamiento sufrido durante cada jornada, la capacidad de escritura merma tanto como la de atención, aprovechando el momento de forma fructífera.
 Comemos unos bocadillos como estos días, parados en la estación especial de Carrefour, donde compramos avituallamiento para poder saciar nuestras ansias momentáneas y rápidas mientras seguimos en ruta, finalmente, tras un sucedáneo de café de máquina, dirección Saint Maló -- lugar donde debíamos dormir en un principio, pero que finalmente será de paso, tras reunión bidireccional entre comandante y un servidor, para dormir en Saint Michelle -- donde conseguimos encontrar un parking para dejar la caravana mientras vemos parte del pueblo, su puerto y su playa aprovechando su marea baja.
 Finalmente antes de irnos, aprovechando el paso por un chiringuito que recordaba en tamaño al Kiosko de Julián, de Barrio Sésamo, el comandante y yo mismo decidimos comernos un perrito caliente, esta vez, sabiamente, pidiendo al encargado de ponérnoslos que por favor, de mostaza, ni la muestra, descubriendo un nuevo mundo de sabores gracias a la ausencia de la misma.
El Mont Sant Michelle con su abadia

Decididos a seguir la ruta, ponemos rumbo a Saint Michelle, con una breve confusión al principio, pero rápidamente corregida, llegando a buena hora al lugar fijado como punto final de la jornada, dándonos cuenta que nos manejamos casi mejor sin mapas ni indicaciones sacados previamente que con ellos.

Al llegar finalmente a Saint Michelle, anocheciendo, descubrimos la inmensa abadía en lo alto del monte, dejándonos a todos impresionados no solo su tamaño, sino también de su gran belleza (momento cursi) poniéndonos rumbo a su interior para apreciarlo  de noche, decidiendo sin remedio que mañana, sin ningún lugar a dudas, volveremos a entrar a verla.
El Mont Sant Michelle con su abadia
Volvemos a la caravana con noche cerrada, pensando en la cena, unos raviolis que compramos en el Carrefour y que calentaríamos en el fogón de la caravana, no sin que antes de llegar, descubriéramos una nueva capacidad en el grumete Iván, la de perseguir sombras chinescas, las suyas propias, provocadas por su propia linterna, hasta el momento de casi besarlas en el suelo. Osea, que se esmorró de lleno y pleno contra el suelo frances, produciendo a continuación la consabida carcajada del personal, incluso la suya propia, lo que nos hizo saber que tan mal no había ido la cosa y que no había que salir haciendo rueda para buscar un médico.
Terminamos la jornada con la tranquila cena de los raviolis calientes, pensando en la visita mañana a la Abadía de Sant Michelle, la posterior visita a un Carrefour más grande para un mayor avituallamiento, y la marcha hacia el nuevo destino final, Paris, no sin antes dar un último vistazo a la Abadía, a su imponente aspecto, y todo ello tras pensar, el comandante Román y yo, que la decisión de hacer noche allí, había sido una gran decisión, y había sido cosa nuestra... ¡¡¡ HEMOS ACERTADO !!!

FIN DE ENTRADA.
FDO. : FERNANDO ABELLA – SEGUNDO DE A BORDO

DIA 5

DIARIO DE A BORDO:
HOJA DE RUTA
7 DE JULIO DEL 2010: MONT SANT MICHELLE - PARIS
RESUMEN DE JORNADA:
 COMANDANTE: ROMAN GARCIA
SEGUNDO DE A BORDO: FERNANDO ABELLA
TRIPULACION: DIANA RIPOLL, ELSA GARCIA, MARTA GARCIA E IVAN SOBRINO

El Mont Sant Michelle con su abadia
Amanecemos a las siete de la mañana de la más dulce y mejor de las formas, con el aporreo de la puerta de la autocaravana, por parte del encargado del parking, para cobrarnos el haber dormido al raso con la misma durante toda la noche.
Tras un nuevo desayuno con cola-cao (desde los ocho años no tomaba tanto de seguido, fijo) nos ponemos en ruta dispuestos a ver Sant Michelle con las claras del día y disfrutar de sus calles y su magnífica Abadía, por dentro y por fuera, aunque como bien descubriríamos poco después, esta última opción, al menos por dentro, no era del todo aceptable, y si totalmente inviable al poder observar su precio, decidiendo que ya era suficientemente bonita de noche, y que no queríamos estropear tan grato recuerdo con la posibilidad de que en el interior nos defraudara, por lo que sabiamente decidimos ponernos en marcha rumbo hacia el siguiente y tan ansiado destino, Paris, donde felizmente podríamos dejar la autocaravana aparcada por tres días y apreciar relajadamente las grandezas de la ciudad.

Nos ponemos rumbo pues finalmente a Paris tras una parada de avituallamiento en un Carrefour de la zona, donde realizamos un cambio de piloto y copiloto, pero no entre ellos, pasando al mando de la nave la tripulante Marta García y al puesto del copiloto el comandante y a la par hermano de la nueva piloto, Román García, relazándose este sin ningún miedo ni pudor, y demostrando cualidades más que aptas para iniciar en un futuro no muy lejano una aventura en solitario por su propia cuenta y riesgo.
            Mientras dejo de ser copiloto, descubro los terribles placeres de ir en los puestos traseros, que son bien pocos, pues el realizar la labor de aguador de los pilotos es ardua y complicada sobre un bicho de cuatro ruedas a 100 kilómetros hora.

A poco más de 190 kilómetros de la capital gala, nos detenemos a comer, preparándonos unos bocadillos sentados en un merendero de un área de servicio, para un posterior relevo de copiloto/piloto, volviendo de nuevo a la posición normal e inicial del viaje.
Acertada, y quizás milagrosamente, logramos encontrar el camino hacia Paris sin error ni equivocación (y sin mapa previo ni GPS) estando convencidos piloto y copiloto que ya nada se nos puede resistir, y que con la gorra vamos a llegar al camping  del que hemos oído hablar, pero no sabemos dónde está ni como llegar. La fe mueve montañas, pero como tristemente descubriríamos, no paraliza obras de asfaltado.

Por arte de magia, al ver dos desvíos hacia Paris, uno con peaje y otro sin él, y estando más hartos de los peajes que Indiana Jones de corretear de aquí para allá, optamos por la carretera sin ellos descubriendo, poco después de ver la torre Eiffel, la señal del camping al que teníamos intención de pasar la noche, dando prácticamente saltos de alegría hasta ver el camino al ansiado lugar cortado por las obras, obligándonos esto a dar un más que curioso e inesperado y curioso garbeo por Paris, conociendo sus lujosas calles, majestuosas aceras, y la peligrosidad de conducir por el lugar, sobre todo tras ver como algunas personas son capaces de conducir oyendo música con el IPOD y hablar con el móvil a la vez, y dejando claro, que una gran urbe como Paris, no tiene nada que envidiar, menos aun en tráfico, a Madrid.

Llegamos finalmente al camping, aparcando en el interior mientras tratamos de averiguar si podemos entrar y pasar la noche para dejar la caravana, y enchufarla a la corriente eléctrica aparte de otras maravillas como poder ducharse, o así, en un sitio más amplio y con agua más caliente que la de la auto.
Finalmente aceptamos barco con el precio que nos dan para tres noches y aparcamos la caravana enchufándola a la corriente eléctrica, para poder recargar los móviles, portátiles y demás. Es el momento de una buena ducha. Bueno, de una ducha.

Una ducha. Como decía, a la que fui sin toalla, teniendo que pedir ayuda a Román, que acababa de ducharse poco después, y preguntándome porque me pasaban a mi estas cosas, aunque como veríamos después, no sería la única aventura que tendría alguien de la tripulación en  el cuarto de baño.
En estas nos encontrábamos cuando a la espera de salir hacia Paris en el autobús directo del camping, el grumete Iván y yo nos dirigimos hacia el restaurante del  camping dispuestos a ver por lo menos el inicio del partido de la semifinal del mundial entre España y Alemania, descubriendo el sitio repleto de gente, todos del camping, tanto alemanes y españoles, que jaleaban, gritaban y aplaudían cada jugada sin importar de quien fuera, lleno el ambiente de buen hermanamiento, buen rollo, huyyyysss y demás términos y jergas futboleros, todo ello observado desde el suelo, donde nos sentamos a esperar a que saliera el autobús en dirección a la ciudad de Paris.

El arco del triunfo
Finalmente, acabado el primer tiempo, subimos al autobús que nos llevaría a Paris, planeando la jugada a seguir, que era ir a la torre Eiffel a subir de noche y poder observar sus vistas, llegando finalmente, sin darnos cuenta, a la plaza mayor, donde tras preguntar a dos personas si estaba lejos la torre, estas nos dijeron que media hora a pie, y que la encontraríamos fácil, ya que habían puesto una enorme pantalla para poder ver el mundial. Eso me tranquilizo, ya que debido al pequeño tamaño de tan insigne monumento, temí no poder encontrarlo. 
Así pues, nos dirigimos hacia la torre, paseando por el atardecer de París, pudiendo observar el increíble Arco del triunfo de la ciudad, sus calles, y su gente, parando en cada bar que encontrábamos, tanteando la posibilidad de saber cómo estaba en esos momentos el partido de España y Alemania, oyendo un gran GOOOL cuando nos acercábamos a una enorme pantalla de cine, digo a la torre Eiffel, echando en ese momento a correr el grumete Iván, teniendo que seguirle para evitar la posibilidad de un posible extravío momentáneo, llegando a un parque frente a la torre donde un grupito de gente insignificante (solo se podían apreciar cabezas, cabezas y más cabezas en el horizonte) terminaban de ver un partido que España estaba ganando en ese momento, y que a la postre, ganó, empezando a sonar canticos a favor de España con un acento francés sospechoso, que me hizo pensar que en el país vecino aun tienen cierto resquemor a los alemanes por aquello de la invasión durante la II Guerra Mundial. O eso, o había mucho estudiante español de Erasmus con un acento francés sobresaliente.
La torre Eiffel
España estaba en la final del mundial, algo que jamás antes se había dado en la historia, y nosotros estábamos viviéndola.

Reunido nuevamente el grupo, y tras la alegría por la victoria que nos aseguraba, por primera vez en la historia de España, jugar una final del mundial, nos dirigimos a la cercana torre entre la marabunta de espectadores que habían visto el final del partido, llegando a la cola para ascender a la misma, confiando plenamente en que los ascensores funcionasen, recordando a la vez lo que le ocurre a uno de ellos en Superman II y pensando, que si al llegar arriba nos toca bajar andando, un servidor preferiría dormir arriba.


Llegamos a lo alto de la torre, y la visión desde tan alto de un Paris anochecido iluminado en la noche, nos asombra a todos, dejándonos prácticamente sin palabras, sobrecogidos, y deseosos de dar testimonio de este momento con las consabidas fotografías. Siendo sensatos, sinceros, y serios, para ver ese espectáculo, merece la pena ascender hasta tan alto, y poder sentirse embriagado e la enorme belleza y el fantástico espectáculo que se observa.
Vista desde la torre Eiffel
Estando a las once de la noche en lo alto de la torre, se encendieron durante un minuto las cientos de bombillas intermitentes que iluminan la torre en la noche parisina durante un minuto, lamentando no poder verlo desde abajo, y con el deseo de que podamos poder volver a ver tan maravilloso espectáculo visual, iniciamos el descenso en ascensor, dispuestos a volver al camping, aunque no seguros de llegar a tiempo a coger el autobús que está predispuesto a tal efecto.

Calculando que si vamos a pie no llegamos a tiempo a coger el autobús, decidimos hacer uso del metro de la ciudad, siendo así el tercer suburbano que conozco, lo que me lleva a reconocer, que a pesar de todo me quedo con el de Madrid, sin dejar de mirar el reloj desesperados. Todo apunta que nos va a tocar correr.
Efectivamente, al llegar a la parada de metro final de nuestro destino, justo donde teníamos que coger el bus, llegando apenas tres minutos ates de su hora de salida,
El grumete Iván y yo emprendemos una carrera por el metro de Paris, subiendo escaleras mecánicas, las cuales estaban paradas (igual que en el metro de Madrid muchas veces), de dos en dos y saliendo por un parque que no recordábamos al haber llegado, pero viendo la parada a lo lejos, sin autobús, lo cual, a mitad de carrera, y tras ver unos lindos y gordos conejos correr por el parque en la noche entre nuestras piernas con riesgo grave de sufrir una patada, nos hizo recudir la marcha, y llegar a medio trote a la parada, donde pude tratar de recuperar el resuello, haciéndose notar la notable diferencia de doce años entre el grumete y yo, aparte de una falta de costumbre de correr, por mi parte, vergonzosa.
Quince minutos después, y tras recuperar el resuello y llegar a la conclusión de que el autobús ya no pasaría, decidimos, recordando lo poco que habíamos tardado en llegar, en ir andando al camping, emprendiendo dicho camino guiados por un joven guarda de seguridad muy amable que nos guió por sendas oscuras y poco transitadas, como intransitables, asegurándonos, a mitad de camino (veinte minutos) que en ocho o diez llegaríamos al camping, dejándonos tranquilos al separar nuestros caminos, pues aunque rebosaba amabilidad por los cuatro costados, también rebosaba dudas y sospechas por su interés en acompañarnos tanto tiempo, aunque decía trabajar en el hipódromo cercano al camping.

Tras seguir el camino solos, y pasar veinte minutos, recordando que solo eran en principio ocho más, nuestros pies empezaban ya a moverse por una ligera inercia, mientras nuestras mentes pensaban en que realmente el camping no estaba tan cerca como parecía, y que podía caber la posibilidad de ir al lugar equivocado, lo cual no hacía sino ponernos en la situación de que de ser así, teníamos decidido dormir en la calle, pues no podríamos dar un paso más.
Por suerte, al poder ver la entrada de nuestro camping, con lágrimas de alegría en los ojos, llegamos finalmente a la caravana, en la otra punta del camping, dando gracias por haber podido lograr tal hazaña, dándonos cuenta de que lo que prometía veinte minutos poco  más o menos habían sido algo más de una hora.
Sin saber cómo, nos acostamos, sin sentir nada de rodillas hacia abajo, pensando en que mañana, sería un día más tranquilo, y poniéndonos como objetivo, estar antes de las diez en la parada del autobús, o llevar dinero para dos taxis, pues ninguno estamos dispuestos a volver realizar tal caminata.

FIN DE ENTRADA.
FDO. : FERNANDO ABELLA – SEGUNDO DE A BORDO

DIA 6

DIARIO DE A BORDO:
HOJA DE RUTA
8 DE JULIO DEL 2010:  PARIS 
RESUMEN DE JORNADA: 
COMANDANTE: ROMAN GARCIA
SEGUNDO DE A BORDO: FERNANDO ABELLA
TRIPULACION: DIANA RIPOLL, ELSA GARCIA, MARTA GARCIA E IVAN SOBRINO

Amanecemos más tarde de lo que hemos hecho el resto de días, pues el palizón a andar de ayer merecía un descanso en condiciones dado que hoy teníamos planeado un nuevo y agitado día por Paris.
Poco a poco nos levantamos y desayunamos por turnos mientras el resto acude a la ducha, duchándonos también por turnos. Es aquí donde el grumete Iván, último en ducharse al ser el último en levantarse, tiene un nuevo problema al quedarse encerrado en la ducha de los baños del camping, teniendo que hacer escalada para poder salir del mismo produciéndose un leve corte en el brazo, a pesar de que él creía que se le saldrían las tripas por la herida.
La plaza de la Bastilla
Una vez se ha cauterizado y desinfectado la herida de Iván con una gasa y suero fisiológico del botiquín, salimos de la nave nodriza y nos dirigimos al autobús para bajar a Paris, prometiéndonos firmemente que hoy no tardaremos en volver, y estaremos antes del anochecer en el campo base, pues estamos casi seguros de que si se llegara el caso de tener que realizar una caminata como la de ayer, puede llegar el caso de que alguno no vea de nuevo amanecer en Madrid… Ni en Paris.

Cuando por fin llegamos al centro de Paris cogemos el metro, bendita su puntualidad pero por dios que calor y que dejado está, llegamos a la bastilla donde podemos comprar UN PERIÓDICO ESPAÑOL. Así, compramos EL PAÍS, donde destaca la victoria de la Selección española frente a la alemana, lo que volvemos a disfrutar y a gozar, sin llegar todavía a creérnoslo del todo.
Sin llegar a detenernos más de lo debido, ponemos rumbo a la catedral de Notre Dame.
Notre Dame

Llegamos a la catedral, donde empezamos a hacer cola para poder verla y subir hasta el final, donde según dicen podremos disfrutar de unas vistas increíbles de Paris. Mientras hacemos tiempo, vamos viendo la guía de la ciudad y decidiendo la ruta a seguir el resto del día y durante el día de mañana, mientras nos turnamos en guardar cola y en cruzar a la acera de enfrente – en sentido total y literal, nada de figurado -- donde a la sombra nos vamos tomando unos helados y unas botellas de agua, por las que pagamos un precio insultante, entre todos. El calor aprieta, y la espera se hace larga y sufrida.

Finalmente logramos entrar en la catedral y podemos ascender por una de sus torres, no sin cierta dificultad al no caberme los pies casi ni subiendo de lado en los peldaños a medida que ascendíamos, lo que me llevo a acordarme de la santísima madre del arquitecto de semejante obra de arte, llegando al final del todo realizando varias paradas en las zonas indicadas para fotografiarnos con las consabidas gárgolas que ya se hicieran famosas a lo largo de la historia y por la película de Disney, descubriendo que es mentira que estén vivas.
Gárgola
Gárgola

Gárgola
Tras una tensa espera de quince minutos para darnos permiso para poder bajar (el último tramo de la subida es bidireccional y solo hay sitio para una persona, por lo que o subes o bajas, pero en todo caso te toca esperar) sufriendo el calor mientras nos deleitamos con la fastuosa y sobrecogedora vista de Paris, llegamos a la nave central de la catedral y podemos disfrutar del interior de la misma y de sus hermosas vidrieras. La tensa espera en la cola, la subida difícil haciendo juegos malabares con los pies, la peor bajada tras la insolación… todo ha merecido la pena, y sin duda, volvería a repetirlo.

El panteón
Desde la catedral de Notre Dame nos ponemos rumbo hacia el Panteon, sufriendo el calor veraniego de Paris, descubriendo a su paso, pegadito más bien, la facultad de derecho. A Ivan y a Elsa se les saltan las lágrimas, no sabeos bien si de emoción, alegría, pena o que.
Una vez estamos en el Panteon, decidimos que dado que Ivan es el que entra gratis y el resto no estamos muy por la labor de pagar más, asi que cámara en mano, el grumete pasa solo al Panteon. Ventajas de no tener aun los 20 y ser estudiante aun.

Tras la corta visita, por nuestra parte, ya que Ivan la aprovechó a fondo, nos ponemos nuevamente en marcha hacia un destino famoso fílmica y literariamente. Saint Sulpice, donde nace la famosa línea roja, citada en el Codigo Da Vinci, y que aparece en la misma película.
La impresión que me dejó la iglesia fue superior a lo esperado, ya que me esperaba una iglesia mucho más pequeña. Sin duda mereció la pena, sobre todo para poder ver la famosa línea rosa, aunque al verla, Iván preguntara ¿Y esto es lo que hemos venido a ver, esto es la línea rosa?
           
Tras una parada a comer en los jardines de Luxemburgo, una vez más, bocadillos de embutido que montamos en un banco del parque tras comprar pan en una cercana panadería y agua en un bar cercano, seguimos nuestro camino para ver si podemos llegar al Louvre a tiempo para visitarlo. Dado que parece que vamos con tiempo, decidimos ir andando.
Jardines Luxemburgo
ERROR.

A punto de sufrir una insolación llegamos al Louvre, donde en una pequeña fuente en un patio anexo a la entrada principal del Louvre, la entrada ya famosa de las pirámides de cristal, nos damos un remojón metiendo casi la cabeza en el interior de las mismas. Tras unos minutos tirados, de nuevo literalmente, en el patio ya mencionado, nos ponemos en marcha para entrar en el Louvre, y así lo hacemos.

Entramos en el Louvre, y ya en el recibidor del mismo, la magnitud impresionante del majestuoso edificio nos sobrecoge (toma cursilada) haciéndonos prever una jornada maravillosa.
Tras realizar una visita a los lavabos del museo, nos disponemos a adquirir las entradas del museo, dándonos cuenta de que este cierra en quince minutos, por lo que no nos dará tiempo a ver nada, y decidimos que lo mejor es dejar la visita para mañana, así que, finalmente nos ponemos finalmente en marcha para volver al camping, a casa, a la caravana, dando un nuevo paseo, parando en los Jardines de las Tullerias donde de nuevo nos remojamos en las fuentes por las que nos cruzamos. El calor es insoportable, y de vuelta a la caravana, pasamos por la plaza de la concordia, los campos elíseos, donde Elsa casi sufre un tabardillo debido al insoportable calor, obligándonos a parar para repostar agua y teniendo que hacer una parada un poco más adelante, ya en el Arco del Triunfo, donde descansamos unos minutos, los justos para que Iván, de nuevo por la cara, es el único que sube a ver el impresionante monumento, y donde soy yo el que ve más de cerca en esta ocasión el suelo parisino al esmorrarme desde una doble altura del arco en donde me había subido para hacer unas fotos. Una pena, el suelo, digo, duro como la piedra, oye.

Vista desde el Arco del triunfo
Finalmente, tras unos segundos para que mi rodilla vuelva a su ser, nos ponemos en marcha, y ya en metro y autobús, nos dirigimos al camping, en donde nos damos todos una relajante ducha, sin más incidentes reseñables en esta ocasión, y nos sentamos en el suelo a tomarnos unas cervecitas frescas y ricas ricas antes de cenar. Las existencias de mahou se acabaron ya y las Kronenbourg francesas hacen su trabajo, que es quitar la sed y refrescar, pero por dios, echo de menos el producto nacional o algo más alemán.
Mientras lavamos la ropa en los lavabos del camping y la ponemos a secar, nace un mito ya: La rumanita. Y solo digo eso. Interesados en saber más, preguntar a la tripulante Marta García.

Tras cenar nos volvemos a sentar en el suelo, de nuevo con unas cervecitas, a hacer algo de tiempo antes de dormirnos. El cansancio es notorio, pero ha merecido todo la pena, y aun nos queda viaje.
Esa noche, antes de acostarnos, el grumete Ivan Sobrino, tras la enésima visita por internet a la página de la universidad, descubrió que había aprobado sus exámenes. Para celebrarlo se fue a dar un paseo por el camping con la tripulante Elsa García. El estado de nervios del grumete había… Bueno, disminuido, y toso lo celebramos.
Tras volver de la excursión nocturna, llegamos a la conclusión de que hoy vamos a dormir todos muy bien. El cuerpo empieza a notar la paliza, y las caídas. ¡¡Jo que daño!!


FIN DE ENTRADA.
FDO. : FERNANDO ABELLA – SEGUNDO DE A BORDO

DIA 7

DIARIO DE A BORDOHOJA DE RUTA
9 DE JULIO DEL 2010 PARIS
RESUMEN DE JORNADA:
COMANDANTE: ROMAN GARCIA
SEGUNDO DE A BORDO: FERNANDO ABELLA
TRIPULACION: DIANA RIPOLL, ELSA GARCIA, MARTA GARCIA E IVAN SOBRINO

El que sería nuestro último día en París amaneció nublado, y la impresión del personal era que nos mojaríamos y mucho, así que cogimos unos chubasqueros y tras unas duchas gratificantes (cuesta creer todavía que calificáramos todos de gratificantes las duchas de todos los campings en todo momento) y un breve desayuno por turnos (el breve espacio (disponible no en el que no estás) hacia imposible que desayunáramos todos a la vez) volvimos a coger el autobús para ir al centro de la ciudad, y desde allí empezar a movernos en metro para poner rumbo al Sagrado Corazón y al Molino Rojo. Y si, se que quizás suene un poco a cachondeo que visitásemos de seguido en el mismo día estos dos sitios tan dispares uno de otro, pero somos asin.
El Sagrado Corazón
Llegamos al Sagrado Corazón, y subimos a él por unas escaleras (más, dios mío, más escaleras aun) advertidos por Marta, que ya había estado antes aquí, de los vendedores ambulantes de la zona, que aprovechan el momento en que te tratan de poner una pulsera echa a mano en tu muñeca para robarte hasta la forma de andar. Por fortuna solo se acercan a los que van solos o en pareja. Nosotros, al ser seis, nos libramos de que se nos acercaran.
Llegamos a lo alto, justo a la puerta de la basílica, descubriendo en un lateral un funicular. Nos entran ganas de llorar, pero decidimos que con entrar en el interior de la Basílica tenemos suficiente, así que lo hacemos, pudiendo disfrutar de su belleza, pero no pudiendo sacar fotos, pues estaban prohibidas, para que luego pudieras comprar un bonito libro-recuerdo de fotos de su interior a precios nada aconsejables. Aun así, y gracias a la pericia de la tripulante Diana, logramos llevarnos unas pocas fotos de su interior, ya que del exterior ya teníamos bastantes.

Abandonamos el Sagrado Corazón y nos ponemos rumbo al Molino Rojo, previa consulta de la situación en un plano.
El Molino Rojo

De camino a tan insigne y pintoresco lugar, descubrimos los alrededores como un sitio que si lo comparases con algo más a mano te saldría enseguida la calle montera por su ambiente erótico(festivo). Aun así, el alegre y bohemio aspecto, se hace notar en cada una de sus casas (de citas o no) hasta que llegamos al lugar en donde según la película se cantaban en un musical canciones de Police, Queen, David Bowie, Madonna…. Y decidimos, como casi en cada rincón de París, inmortalizar dicha visita con algunas fotos, una de ellas no se puede enseñar en público, para la posteridad, decidiendo que lo tarde que empiezan las funciones, sus precios, y el ambiente de la zona no son lo más recomendables para acercarnos esa noche a ver su interior. Vamos, que no, no, y no.
Vislumbrando un ambiente de lluvia, nos ponemos rumbo, tras pensarlo mucho, hacia la torre Eiffel, donde nos haremos algunas fotos en sus alrededores con la luz del día. La visión del otro día de la torre en la oscuridad de la noche nos dejó cautivados, pero queríamos aprovechar la ocasión de ver su enorme belleza ya de día. ( Si, lo sé, ha sonado cursi, pero oye, a veces no es malo ponerse así. ¿no?)
La idea inicial era visitar el Louvre y después comer tirados en el parque del Campo de Marte, junto y a la sombra de la torre. Pero visto el tiempo gris que hacía, y previendo lluvia para más tarde, decidimos parar antes por la torre y pasar un rato fotografiándonos y descansando, que aun siendo pronto, tras siete días de ruta, las fuerzas empezaban a mermar.
La torre Eiffel
Llegados al punto de estar tirados junto a la famosa torre, haciéndonos, o al menos tratándolo, las típicas fotos en las que pareces tener la torre en la palma de la mano, las cámaras de fotos parecen dispararse solas haciendo fotos de todo tipo para inmortalizar ese momento, con la torre a nuestras espaldas, y el sol abriéndose paso entre las nubes. Finalmente los chubasqueros si nos han venido bien… Para ponerlos en el césped y sentarnos y tumbarnos sobre ellos. El sol sale del todo. Hará un calor de justicia. Genial.
Tras pasar un rato bastante divertido junto al emblemático divertido y haber cogido fuerzas, nos ponemos en marcha al Louvre para poder visitar las salas de tan celebre museo, teniendo claro dos cosas. Tenemos que ver La Gioconda y La Victoria de San Motracia . Por eso, al llegar, y comprar las entradas, con un plano en la mano, nos decidimos por hacer una ruta en concreto, sabiendo ya de antemano, que más de la mitad del museo se quedaran para otro viaje. La inmensidad del la pinacoteca es comparable a la de el Museo del Prado de Madrid, y verla toda, con la tranquilidad requerida en un solo día, es empíricamente imposible.
La Victoria de San Motracia
Emprendemos la marcha y lo primero que conseguimos ver, no hacerlo seria una invitación clara a ir al oculista, es la Victoria de San Motracia, la cual, quizás debido a la réplica en casa de mis padres, me la imaginaba mucho más pequeña, y no es que la que hay en casa de mis padres sea tamaño recuerdo de Paris para poner encima de la televisión – no, no la veo encima de una tele – si no que simplemente me la imaginaba más… no sé, como decirlo… pues sí, del tamaño de la de casa de mis padres, a lo sumo el doble, pero no de semejante tamaño (ahora es cuando explico que la de casa de mi padres debe de tener plomo y medio dos palmos de alta) que me dejó impresionado. Y eso que le falta la cabeza. (y si, a la de casa de mis padres también le falta la cabeza y no, no fui yo quien rompió ambas) Por supuesto, fue fotografiada, de frente de perfil y desde diversos ángulos. Siempre me ha gustado esta escultura, y en carne y hueso… Mierda, perdón, y en vivo y al natural, mucho más.
Recorremos los pasillos de la pinacoteca deteniéndonos en los cuadros que más nos llaman la atención hasta llegar a un pasillo que conduce a una sala donde en el fondo se abarrota la gente. Algún que otro (La virgen de las rocas, por ejemplo – sigo diciendo que Dan Brown tiene una imaginación prodigiosa o una información portentosa) cuadro de Leonardo da Vinci por la zona nos hace suponer que semejante aglomeración será debido a que allí se encuentra el célebre cuadro de aun desconocida señora (o señor, pues se especula hasta que es un autorretrato del propio Leonardo da Vinci) que todos conocemos como La Gioconda, o La Mona Lisa.
Poco a poco nos hacemos paso hasta poder ver el cuadro, a una prudente distancia, separados por unos cordones de terciopelo, viendo que el cuadro esta tras una mampara protectora de cristal y custodiada por dos guardias. Sin duda tienen miedo a que la dañen o la roben otra vez.
La mona Lisa
Conseguimos sacar un par de fotos medianamente decentes antes de que a empujones casi nos saquen de allí la gente que tras de nosotros ansia verla también. Nos alejamos sigilosamente, viendo como la gente se sigue agolpando ante el posiblemente cuadro más famoso del mundo.
Nuestra andadura por los pasillos del Louvre se vuelve larga, y en ocasiones nos sentamos en los asientos que por todo el museo están repartidos.
Tras dos horas de pateo por sus pasillos, eso si admirando obras de arte que quieras que no culturiza, tres de los tripulantes, yo entre ellos, decidimos abandonar para darnos un descanso. Así pues, junto a un servidor, las tripulantes Elsa y Marta García, abandonamos el museo prometiéndonos volver en un futuro, más preparados, menos cansados y con más tiempo. No podemos más, y al salir, viendo como en las nuevas fuentes de la plaza de las pirámides famosas la gente está sentada metiendo sus pies descalzos en el agua de las mismas, hacemos lo mismo sin dudarlo un solo momento, sintiendo como si nos amputasen los pies del cansancio al hacerlo.
El paraíso debe ser algo parecido a esto.
Relajación afuera del Louvre
Tras algo más de media hora, quizás una hora, el resto de la tripulación salé del museo y nos imitan metiendo sus pies en el agua. Los seis nos quedamos a pleno sol pero disfrutando del merecido descanso antes de meternos de nuevo en el recinto del museo para poder tomarnos un café fresquito en un Starbucks del interior. Seguimos descansado, nos lo merecemos, y aun nos queda el camino de vuelta a la nave nodriza.
El camino de regreso hasta el autobús que nos llevará a la nave nodriza fue quizás el más rápido y deseado de todos los que hemos hecho incluso a pesar del cansancio terrible que atenazaba nuestras piernas y agarrotaba nuestros músculos de una forma inhumana.
El cansancio fue el que movió nuestras piernas irremediablemente deprisa, como autómatas estúpidos, hasta la parada del autobús y posteriormente desde la parada de este en el camping hasta nuestra caravana (llamémosla así de nuevo, ya no era una nave nodriza ni una interestelar ni nada parecido; no, era una caravana, en serio) aparcada en el santo quinto pino ( o eso nos parecía ya a estas alturas) de la entrada del camping.
Nos damos una relajante ducha que nos parece la mejor del mundo y decidimos relajarnos con unas cervecitas tirados en el suelo a los pies de… Venga, dejémoslo así si les parece bien, a los pies del vehículo sobre el que estábamos viviendo y viajando en estos días. A pesar de ser Kronenbourg, nos saben a gloria acompañadas de unas patas fritas y unos frutos secos.
La cena no se hace esperar mucho, el cansancio aprieta el hambre y las ganas de tirarse después de cenar a relajarse un poco también, y eso hacemos. Nos tiramos después de cenar, con otras cervecitas, a descansar, tranquilamente, relajándonos, y disfrutando de una esplendida noche parisina tras un día que había amanecido amenazando lluvia y nos había deparado un calor insoportable en todo momento, pero que se había visto recompensando por una excursión maravillosa por Paris.
Mañana abandonaremos el camping y la ciudad para empezar el viaje de vuelta a casa, con la siguiente parada en nuestro objetivo. Le Puy-en-Velay, un pueblecito que forma parte del Camino de Santiago que seguramente veremos en un Puy.

FIN DE ENTRADA.
FDO. : FERNANDO ABELLA – SEGUNDO DE A BORDO

DIA 8

DIARIO DE A BORDOHOJA DE RUTA
10 DE JULIO DEL 2010:  PARIS – LE PUY-EN-VELAY
RESUMEN DE JORNADA:
COMANDANTE: ROMAN GARCIA
SEGUNDO DE A BORDO: FERNANDO ABELLA
TRIPULACION: DIANA RIPOLL, ELSA GARCIA, MARTA GARCIA E IVAN SOBRINO

Amanece en Paris por última vez para nosotros – aunque nos prometemos volver, bien todos juntos, bien cada cual como pueda – y recogemos el campamento tras desayunar y ducharnos.
Antes de abandonar Paris decidimos ir a visitar Versalles, pero solo por fuera, ya que una consulta al precio de la entrada y a la magnitud del castillo y sus jardines nos hacen dar marcha atrás hasta tal punto que al llegar y ver el nivel de coches en el parking y parkings aledaños, decidimos verlo desde fuera y sin siquiera detener el vehículo, apuntando su visita en los deberes para una próxima ocasión. El tiempo se nos echa encima, y el cansancio más.
Mientras repostamos, decidimos poner dirección a La Borgoña, (Bourgogne en Frances y en el índice del mapa de la guía, que estaba toda en castellano) y una vez localizado, nos ponemos en ruta, sin percatarnos de que hemos cometido un grave error, que nos costará unas horas de viaje y unos cuantos kilómetros de más.
Habiendo recorrido ya un sin par número de kilómetros, alguien desde atrás, consultando la guía en un momento en el que no era necesitada por el puesto de mando (piloto y copiloto) comenta la existencia de un pueblecito en La Borgoña (insisto Bourgogne en el índice del mapa de la guía esa que estaba toda en castellano) llamado Beaune, que recomiendan visitar, así que, devuelta la guía al copiloto, (osease, a mua, digo a mi) Busco Beaune en la guía, y es al localizarla cuando me empiezan a entrar los sudores frios. Vamos en dirección contraria, y hace ya una hora (puede que algo más) que hemos salido de Paris.
Resumen de la gran cagada

Deteniéndonos en un área de servicio, nos reunimos en un rápido gabinete de crisis, dándonos cuenta de nuestro error. Al igual que en España existe La Región de Murcia, y luego Murcia como ciudad, en Francia existe la Región de Borgoña, y Bourgogne (Borgoña en francés, y es de ahí, exactamente de ahí, de ese error lingüístico de donde dimana todo) como pueblecito adorable de la región de…. Champagne-Ardenas, cerca de Reims, con la diferencia de que en España, La región de Murcia y Murcia están en el mismo sitio y aquí, el pueblecito llamado Bourgogne y la Region de La Borgoña, están algo más separados. Exactamente, si queremos llegar a Beaune desde Bourgogne, son unos… 350 kilometros. De pronto nos entran unas ganas terribles de llorar. Estamos más cerca del pueblecito que de la región.

Decididos a no desesperar, dispuestos a cumplir con el plan. Ir a La Borgoña (región, no pueblo Bourgogne, aunque creo que ya ha quedado claro las diferencias) Hacemos un rápido planteamiento nuevo sobre el mapa y emprendemos un paseo turístico de 350 kilómetros hacia Beaune, lamentando nuestra mala suerte y poca capacidad de fijarse y de reacción.
En fin. Al fin y al cabo, solo serán unos ciento y pocos kilómetros de más.

Tras una apacible y tranquila ruta por las tierras y carreteras de Reims y aledaños, paramos a comer, y localizamos en internet el camping de Puy, presumible punto final de la jornada, si no existen más confusiones.
Una vez localizado, nos dirigimos hacia Dijon para ir a Beaune, no para probar su mostaza, estando ya, seguros, de que vamos por el buen camino.

Beaune
Por fin llegamos a Beaune.
Dejamos la caravana (nave nodriza, nave interestelar, casa…. Elijan, ya me da igual a estas alturas) en un parking adecuado para ello, y damos un paseo por el típico pueblo de La región de la Borgoña francesa, apreciando sus construcciones, su casco histórico casi intacto, encaminándonos a la plaza principal, donde en un comercio dedicado íntegramente al turismo y al vino, realizamos una cata de vino tinto de la región (esta era la principal razón para venir hasta Beaune o a un pueblo de La región de la Borgoña. Probar su vino) comprobando que aun siendo buen vino, cualquier vino español le supera en calidad, sabor, paladar… En fin, que sí, que estaba bueno, pero que me quedo con cualquier vino de nuestro país.

Paseamos por Beaune, haciéndonos las fotos de rigor, tomándonos un helado, y refrescándonos con unos refrescos, hasta quedar ya saciados, poniendo rumbo a la caravana, y saliendo del sitio al que tanto nos ha costado llegar (media jornada) para poner rumbo al destino final de día. Le puy-en-velay, o Puy para los amigos.
Beaune


Camino a Puy, pasamos, más bien bordeamos, la ciudad de Lyon. Desgraciados recuerdos nos vienen a la mente, deseando ver estallar por los aires el estadio de la ciudad con su equipo de futbol local en el interior. Las ganas de adentrarnos en la ciudad y tratar de cumplir esta quimera son muy fuertes, pero las de llegar a Puy antes de acabar hartos de la caravana son más fuertes, por lo que decidimos seguir nuestra ruta encaminándonos hacia Puy, y adentrandonos en unos nubarrones negros que no presagian nada bueno.
Llueve a mares. Lo sabía. Al menos, la caravana aguanta, y no hay rastro de la gotera. Por ahora todo bien. Llevamos el camino correcto, un logro ya a estas alturas del día, y con un poco de suerte haremos noche en Puy.

Efectivamente, hacemos noche en Puy, porque es noche cerrada cuando llegamos, y el camping esta ya cerrado, por lo que aparcamos en sus puertas, al igual que hicimos el primer día de viaje, bajando de la navenodrizainterestelarcaravana con ganas de patear un poco para desenquilosar las piernas. Han pasado más de catorce horas desde que salimos de Paris entre recorridos correctos, incorrectos, paradas a comer, repostar, visitar…. Ya había ganas de estirar las piernas, y aunque no estemos en el camping, es de agradecer poder hacerlo aunque sea por el pueblo, por eso, el comandante y yo nos damos un paseo nocturno por el pueblo, que efectivamente se ve en un Puy, y localizamos los dos o tres sitios que deberíamos de ver mañana.

El cansancio nos hace andar solos hasta la caravana para cenar. Tras la cena, localizamos en el ordenador gracias a Google maps como llegar a Andorra desde Puy, ya que es un plano que no teníamos sacad de antemano. A falta de impresora trasladamos con boli y papeles la ruta del ordenador al mapa de la guía (si, la misma guía en la que vivos Bourgogne, nos dirigimos allí para comprobar que era alló donde debíamos ir y que luego nos puso en buen camino) dispuestos a que mañana lleguemos a Andorra para asistir a un acontecimiento histórico. La primera final de un mundial de futbol que España jugara en la categoría reina.
Nos vamos a la cama con la sensación de haber realizado hoy un buen trabajo. Matador, pero bueno oye.


FIN DE ENTRADA.
FDO. : FERNANDO ABELLA – SEGUNDO DE A BORDO